PAMEN PEREIRA en el MUSAC (ABC cultural)

Crítica del pasado 20 Febrero de 2016 en el ABC Cultural sobre Pamen Pereira en el  MUSAC

«Entrar en el templo y acariciar el instante»

La Sala 2 del MUSAC se transforma en el templo interno de la ferrolana Pamen Perreira. Un magnífico montaje gracias a una buena labor de su comisaria Kristine Guzman, que cegando la luz y colocando estratégicamente las piezas-instalación de la artista, nos sumerge de lleno en un espacio sagrado donde conjugan con rigor los silencios espaciales y las piezas de Pamen, dando como resultado una mágica traducción del universo de la artista. La exposición, recogida bajo el título La mujer de piedra se levanta y baila aludiendo al empoderamiento femenino, nos muestra una serie de trabajos reconocidos en su trayectoria junto con otros de más reciente creación, girando todos ellos en torno a la meditación zen que ella practica, la filosofía y las lecturas casi místicas de los objetos que reinterpreta. La gallega sacraliza cada una de los elementos que pasan por sus manos, desde la pieza tótem de la chaqueta de su abuelo –en la que cubre de oro la parte que ha estado en contacto con su cuerpo ya inmaterial–, hasta el corazón de frágil cristal con ardiente lava que se proyecta en su interior junto al casi chamánico sonido de su latido a golpe de tambor. Cada una de las obras reclama la atención de todos los sentidos del visitante: vista, oído, olfato, gusto y tacto obligan a que tengamos que situarnos en el instante presente y honrar el recorrido que ha llevado allí a cada uno de los objetos. Pereira demuestra con cada una de las obras su interés por la alquimia, el poder y la capacidad de cambio. De éste modo, los elementos terminan atesorando sus múltiples significados, casi como relicarios, adquiriendo la fuerza necesaria para transmitirnos un meditado valor formal y profundo significado como pieza. Las obras del recorrido nos remiten a constantes referencias plásticas al maestro Kounellis: chaquetas, mesa, zapatos, pero siempre forzados a existir bajo la mirada de la cultura oriental, de modo que el resultado para el espectador son obras de intensa belleza y poética. Principio y fin no logran distinguirse y el ensamblaje de elementos como partes de un todo final cobra fuerza en su visión global del mundo, en la que todo es medicina y el equilibrio es uno de los fundamentos básicos de la existencia. De ahí que todo juegue con las percepciones de la dureza, el tamaño o el peso, alas de plomo, camas y cojines de meditación de piedra, huesos de pan –cuyo olor es uno de los que podemos encontrarnos por la sala, que inunda la zona de la pieza– que describen la fragilidad de nuestro cuerpo matérico, a la vez alimento sagrado en las religiones de occidente y entendido como el cuerpo de Dios; piedras que levitan con largas raíces, el mar en una pecera o la citada lava como la sangre ardiente de nuestro interior.
Será que para Pamen lo importante de la vida es el trayecto, la memoria del recorrido, o quizá eso carezca de significado ante su punto final. Adentrémonos en la sala y reflexionemos sobre muchas de las cuestiones que se nos plantean, si es que vamos más allá, porque como decía Bodhidharma: Muchos saben el camino, pocos lo acaban recorriendo.

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