El fin del arte

El fin del arte

 Es casi de obligación tras el reciente fallecimiento de Danto revisar desde cualquier perspectiva de lectura su célebre reflexión sobre el fin del arte. Arthur Coleman Danto (1924-2013) analizó minuciosamente desde un punto filosófico qué era necesario para determinar qué convierte algo en arte o no.  Difícilmente superaremos las reflexiones de quien dedicó su vida a suscitar parte de las más vitales y maravillosas cuestiones que giran en torno a nuestro mundo, refiriéndome obviamente a nuestro mundo como «el mundo del arte» por lo que no creo que podamos añadir nada nuevo a esa cuestión, pero personalmente siempre me surgió una duda mayor, el fin del arte como final, el momento en el que nunca jamás se generase una reflexión artística, un movimiento, la desolación total y absoluta que produciría el final de tan maravilloso mundo en la sociedad. La reflexión no puede ser concebida, se nos corta la respiración o no puede ser mantenida por más de un segundo en nuestras mentes, y por qué no, en nuestras emociones, no somos capaces de soportar la idea.

La idea de un mundo sin arte nos paraliza.

 La mayoría de los engranajes que hacen girar la rueda del arte están paralizados igualmente, por lo que nosotros mismos estamos construyendo ese final para nuestro mundo artístico, las iniciativas culturales, la falta de análisis y comprensión total de cambiar un modelo caduco establecido entre crítico, comisario, galerista, artista y coleccionista es  tan dramáticamente palpable que se necesita revisar el modo en que los diferentes agentes interactúan entre sí.  Todos creen que su «criterio» vale más que el del otro. Muchas voces críticas pretenden ser quienes categoricen qué es o no es arte por lo que nuestra historia, de ser así terminaría nuevamente sesgada por los gustos y opiniones de unos pocos que por preferencias personales  y por qué no comerciales, elevan a la categoría de «arte» discursos vagamente válidos. Pero… ¿no es interesante que en pleno siglo XXI el espectador valide la obra? La difusión del arte nunca ha estado tan cercana al espectador como en esta era digital, en la que recibimos boletines, imágenes y comentarios con más frecuencia que nuestro propio ritmo cardiaco.

 La situación actual de la crítica de arte pasa por un momento complejo, los lenguajes que generan los nuevos creadores contemporáneos son tan diversos que en ocasiones es complicado discernir lo que se convertirá en referente histórico, social y cultural para generaciones venideras.

Para reflexionar sobre la crítica de arte en el momento actual he mantenido un diálogo con Marta Mantecón y Álvaro de los Ángeles, dos críticos y comisarios de dilatada trayectoria y José Luis Serzo, artista multidisciplinar, a los que les he formulado tres simples preguntas, su visión de lo que ha sido la crítica del arte históricamente,  la función que creen que tiene ahora y que visión tienen de lo que debería ser.

Ante la cuestión de lo que ha sido la crítica del arte históricamente, Marta Mantecón alude al código deontológico del Instituto de Arte Contemporáneo que de acuerdo con el Consejo de Críticos y Comisarios de Artes Visuales, dice el crítico “elabora su discurso de manera libre y argumentada, desde el ejercicio independiente de su pensamiento y de la reflexión artística”.

 Pero enlaza con nuestra siguiente cuestión, directamente: «tal como están las cosas en el sistema del arte hoy, fuertemente mercantilizado y con una estructura marcada por la precariedad, lamentablemente, la crítica no puede ser ni libre ni argumentada, dado que apenas podemos hablar de profesionalización en el sector, al menos, fuera de los grandes medios de comunicación y revistas especializadas. Por otro lado, con la crítica de arte ocurre algo parecido a lo que sucede con los artistas: parece importar más la firma que el texto o la obra en sí. El nombre del autor determina el valor del texto, hasta el punto de que cuando el crítico en cuestión ha logrado adquirir el rango de “firma” importante, sienta cátedra independientemente de lo que diga (sobre todo si trabaja en un medio influyente). Las instituciones y el resto de agentes del sistema tienen una verdadera obsesión por su visibilidad en la prensa y en los medios escritos. Lo importante es salir en ellos y si la crítica está firmada por un gurú del arte lo viven como un verdadero éxito, haya en el texto una mirada crítica o no.»

 Álvaro de los Ángeles opina que «en la actualidad no hay crítica del arte en el sentido clásico de la crítica escrita. De ahí que se el concepto se haya ampliado al comisariado de exposiciones, determinados modos de coleccionismo o, incluso, algunas maneras de dirigir museos y centros de arte. Pero la crítica es escribir sobre arte, con distancia crítica y con los mejores bases teóricas que se pueda adquirir. Al mismo tiempo, el arte contemporáneo se hecho muy transversal en los temas tratados y muy complejo al respecto de las materias implicadas, lo que convierte al crítico en un profesional que debe atender y conocer ámbitos muy diversos de la cultura contemporánea.

La crisis viene propiciada por el desinterés de determinados medios periodísticos, que al relegarla a mera ilustración de lo expuesto, ha despertado un desinterés total en los lectores. Al reducirse tanto el espacio dedicado a ella y al estar tan rematadamente mal pagada, las críticas han devenido en textos cifrados únicamente entendibles para iniciados o ya profesionales.»

Por lo que nos encontramos en la actualidad con dos grandes problemas, la falta de interés de los medios y de los propios agentes culturales en obtener una crítica profesionalizada, remunerada y objetiva y sobre todo especializada que esté desvinculada de los intereses mercantilistas de quien escribe o quien paga y la necesidad de repartir las funciones profesionales entre crítica y comisariado que impiden esa especialización por parte de cada uno de ellos. Pero unamos a ello la interesante reflexión de José Luis Serzo, ¿es la crítica de arte lo que está en crisis?

 Serzo va más allá, como artista plantea una cuestión mucho mayor: ¿qué «función» tiene el arte?¿hasta qué punto ha de ser «elitista»?, el manchego comienza con esas cuestiones y lanzando la siguiente reflexión: al igual que una arquitectura ha de cumplir una función a parte de la propia estética, ¿cual debería ser la «función» del arte aparte de su propia tautología en una era donde la «belleza» en el arte parece que perdió el sentido? pues evidentemente, ésta (la belleza) parece que resulta sumamente subjetiva y no hay muchos creadores que hablen de una «responsabilidad del artista», quizá por los prejuicios que esta palabra (responsabilidad) ha podido aplicarse a partir de unas manifestaciones artísticas que sirvieron como programáticas o propagandísticas para ciertos movimientos políticos que acabaron fracasando en el peor de los casos, yo creo que tiene que haber un acercamiento entre el espectador y el creador, una conciliación entre ambos polos y quizá el artista deba bajarse de su pedestal», o bien salir de su emboscadura donde opera cual francotirador y hacerse cargo de su responsabilidad para con el otro y la sociedad, al tiempo, la sociedad debe concienciarse de que el arte (la cultura) no es solo un «barniz», sino una sustancia esencial para vertebrar la cultura de sí misma –concluye–.

 Entendiendo que la responsabilidad del artista debería ser equitativa a la del crítico, ¿qué función tiene el crítico en un momento de creación donde el artista dispone de un contacto casi personal con el público, el acceso del espectador a la obra y al artista en esta era digital es tan sencillo como la generación de miles de voces críticas no profesionalizadas, el artista es sometido en ocasiones a la crítica de una forma devastadora que no aporta nada a su discurso ni a su función casi por justificar como indica Mantecón «su credibilidad».

«Considero al crítico o crítica de arte como un intérprete que construye vías de sentido, establece relaciones y disecciona los puntos fuertes y débiles de una obra, de una institución o de cualquier otro aspecto relacionado con el arte. Sin embargo, creo que domina la critica complaciente o la nota de prensa enriquecida con algún comentario personal e incluso tengo la impresión de que algunos críticos se obligan a cubrir una cuota de críticas negativas para no perder credibilidad, dado que no resulta difícil encontrar textos en catálogos o publicaciones institucionales donde los mismos argumentos esgrimidos para cuestionar la obra de un artista en un artículo de prensa, son utilizados para entronizar a otro. En España hay buenos críticos y críticas de arte, —continúa— pero la falta de profesionalización es un problema a la hora de acometer su labor. Los plazos de los encargos no suelen respetar el tiempo necesario para la reflexión y tampoco suelen ir acompañados de una retribución adecuada. Quizá por esta razón me interesa más la labor de la crítica en los ensayos publicados por determinadas editoriales o en ciertas plataformas de internet que, por suerte, han enriquecido sustancialmente las posibilidades de escribir con cierta libertad, al margen del dominio del mercado y de las instituciones.»

Pero para cerrar esta reflexión / conversación me quedo con las palabras de Álvaro de los Ángeles referidas a qué debería ser la crítica de arte en la actualidad, «Su función debe ser dar a conocer el trabajo de los artistas de manera sencilla, clara, transparente y novedosa. No estoy seguro de que sea un arte, pero sí estoy completamente seguro de que si está bien escrita, cumple una función. Debería ser suficiente con ello.» ya que creo sintetizan a la perfección todos los puntos tratados aquí, ya que la crítica, no debería ser en la actualidad, a mi juicio, constructiva o destructiva en base a intereses que nada tienen que ver con la función del arte en sí mismo y que en pleno siglo xxi artista y espectador pertenecen a una rueda aún mayor que la del «mundo del arte» y es la de la sociedad y para mí el arte tiene una función estética, social e histórica aunque también comercial de las que no se puede desligar.

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